miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡Vivan las mujeres de verdad (para siempre)!


Llega noviembre, mes de nostalgia, cuando no de pena. Pero como este octubre no ha acontecido nada que me hiciera llorar, parece que este año tocan recuerdos de tiempos mejores.
De entre todos los noviembres de mi vida, el más bello (y a la vez, el más doloroso) es el de 2003, cuando compartí una parte infinitesimal pero importantísima de mi vida con la persona más maravillosa que he conocido jamás. Han pasado ocho años de aquello; que siga recordándolo y que este recuerdo me siga pinchando en el alma dice mucho de lo que sentí y de por quién lo sentí.

Podría haber escrito este post el año pasado, o el anterior, pero hoy esa persona cumple 30 años; abandona la gloriosa veintena, cuyos comienzos tuve el placer de conocer, y se adentra en el inquietante mundo de los treintañeros, en el que la vida ya es de verdad, en el que las decisiones que tomábamos más o menos inconscientemente, más o menos forzados por las circunstancias, 10 años antes ya tienen consecuencias y, a veces, carecen de marcha atrás.
El tiempo y las circunstancias (y mis errores) se encargaron de separarnos quizás para siempre. Pero mis sentimientos permanecen en parte, una parte que dudo que llegue a desaparecer nunca. El agradecimiento por todo lo que me aportó, por todas las sonrisas que me regaló, por lo feliz que me hizo no se desvanece en el torbellino posmoderno en el que todo se pudre tan deprisa.

Puede que nunca leas estas líneas, mi amor –de hecho, me faltará valor para enviarte ni siquiera un link a esta absurda declaración de pasión pública-, pero pese a todo, pese al paso del tiempo, pese a las diferencias, pese a que no he vuelto a escuchar a HIM, pese a que cada cual siguió su camino, caminos que nunca se volvieron a cruzar, te sigo queriendo; quizás porque seas la única persona digna de amor que he conocido, la única mujer de verdad; quizás porque sólo tú pudiste hacerme sentir como si, por fin y después de tanto llamar, las puertas del cielo se hubieran abierto. Ojalá la vida te conceda toda la felicidad que te mereces, que es mucha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario